miércoles, 30 de junio de 2010

El sol no brillará ya

Un esplendor iluminó sus ojos, sus piernas hasta las rodillas eran cubiertas por líquido marino, su piel estaba pegajosa por el sudor, la arena la envolvía de los brazos y el rostro.
Pasaron dos meses para que ella fuera a la playa, la ribera la mantenía como ausente e ida del ruido y el desdén de la ciudad, pasó poco tiempo para que se diera cuenta que la muerte era un regalo que la vida daba.

Ella ahí parada frente a la marea, preguntándose si vería a los suyos en aquel lugar lúgubre y tenso que cualquier persona evita mejor no hablar “la muerte”, esa que abraza a los mortales y los sacude como títeres de tela, sujetándoles y comprimiéndoles las palmas de las manos que bajo ellas se dibuja la “m” de mortalidad, la “m” de muerte.

Y es que a Elizabeth nunca le ha dado terror hablar de ella, cuando era pequeña su abuelo le dijo alguna vez que las cortinas oscuras atraparían en algún momento a las personas que más amaba, y que no tenía por qué ponerse triste, que la muerte era un regalo para el ser humano.

Elizabeth cree que la muerte es un sueño, el sueño más bello que se pueda tener, un lugar donde encontrará a su abuelo y a los que ya se han ido, que desde allá la cuidan, la ven, le sonríen, le extrañan.

Ya son las seis de la tarde y el ocaso ilumina la sonrisa picara y despampanante de aquella joven hiperactiva y alegre, ella camina sobre el infinito azul, hasta que el agua sube hasta sus labios rosados y gruesos, en unos segundos ella desaparece.

lunes, 3 de mayo de 2010

Ella viene...

Tiró de la sábana, la enrolló con fuerza, sedosa como la vena que sujeta la artería, ella le ayudará a desaparecer, no tiene miedo de sufrir algún cambio…
Después de un rato se subió a la cama, y sujetó con fuerza la tela, la sujetó al candelabro de la habitación, terminó de amarrarla y se quedó parada sobre la nube blanca, pensando en él o ella, preguntándose, cómo será, alzó sus brazos y enrolló la serpiente al cuello, estaba ansiosa, contó hasta tres y se aventó, sintió caliente el cuerpo, la cabeza le explotaba, los intestinos le crujían, la vista se le nublaba.

Parecía un hada, parecía una bailarina, parecía la muerte flotando sobre su cama.


jueves, 8 de abril de 2010

Mi gato magnético

Víctor salió a buscar a Leo, quien no había ido a casa desde hace dos días, ya habían pasado más de 46 horas y el platón de su gato estaba lleno de leche cuajada. Víctor estaba inquieto, pensando que tal vez regresaría esa tarde.
Leo era un gato negro, de ojos azules y adormilados, tenía muy mal humor, ronroneaba siempre por capricho, ese gato seductor perturbaba a cualquiera. Tenía la fuerza y atracción de un imán.

Los nervios de Víctor lo consumían, ya no sabía qué hacer, hasta que después de unas horas decidió tomar el cascabel que tanto le gustaba a Leo, el cielo ya había oscurecido, tal vez era el momento preciso para agitar el juguete favorito de su mejor amigo.

Poco después Víctor regresó a casa con la mirada abatida, caminaba lentamente como preocupado, rodeando el jardín, pensando y susurrando, desde entonces hace mucho que no lo veo.

De día él no sale para nada, se dice que de noche busca a Leo agitando el cascabel y gritando el nombre de su gato magnético, ya han pasado cuatro años desde que el felino de ojos metálicos se fue, su esperanza de Víctor ha sido la fe, su felicidad se ve de cerca cada que el cielo se oscurece, ¿cuándo dejará de buscarlo?

martes, 30 de marzo de 2010

Voz ausente

Fuera ideas que producen conciencia, mente vacía, imaginación devorada por gusanos de la tierra, fuerza en tendones desbaratando la piel que ya no se estira, ojos ciegos y temerosos de mirar lo que no deben, garganta seca y destruida.
Me pregunto ¿qué dirá él, estará incomodo? risas, risas y más risas, ellos se comen, juguetean con las luces de la habitación, no son nada, nadie, no hay conciencia ni ausencia, están por momentos donde las cosas tienen forma y nombre, desaparecen cuando la noche tapiza el cielo, cuando el suspiro descansa.

El crujir de la puerta los mantiene taciturnos, saben que es hora de correr, de salir en busca de rutinas apabullantes, aburridas, se van, inventan problemas, duele, duele que la vida se vaya así tan de repente.

Ella sonámbula, a veces de papel, equilibra el viento arrullador, busca algo entre las nubes que nadie aprecia, ya viste como se mueven, ¿quieres detener el tiempo conmigo?, o prefieres seguir con esa rutina vana, pregunta ella.

Él, mórbido como de caricatura, sin aliento, apático, sin ánimo, porque se quedó atorado por ahí, entre alcohol y vicios cuando ella se fue, carbonizado por hipocresías y trivialidades, risas fingidas, hablan y hablan y él no escucha, ya no quiere escuchar, ya no escucha, ¿recuerdas mi voz?, interpreta el ritmo de mis palabras, interpreta las ideas, pronto escucharás un silencio aterrador.




domingo, 28 de marzo de 2010

Husmeando

No tienes vida propia, vagando por aquí, sí, tú sabes que hablo de ti.
Te sientes solo, explotando por el sonido de tus mentiras, ahogándote con tus mil maravillas de intelecto, disparando adrenalina de melancolía porque bien sabes que ya nada vale la pena, has caído bajo por andar espiando lo que no debes…
Dile a tus amigos que eres humilde y entonces te aplaudiré, creo que eso no pasará, ya te viste en un espejo, ya te oíste, siempre escupiendo banalidades, y te decías sencillo.

martes, 16 de febrero de 2010

Sus manos

Sí, son finas, como las de un artista, dicen mucho, creo que hablan, creo que tienen su propio lenguaje.Hace unos días las observe a detalle, él no se dio cuenta, es gracioso, siempre me han gustados las manos con dedos como de alfileres, con nudillos rojizos y una que otra peca, no es mi obsesión que degusto con pasión, es más bien mi ideal, la creación y fijación que ha estado ya en mi mente.
Él me da la mano, algunos sueños cuelgan de ahí, algunos imaginarios son creados por sus manos.
Hubo un tiempo en que no me atrevía a tocarlo, creí que diría algo como: - Qué haces -, quería defenderme al no mezclar piel con piel, estaba asustada, después nada de eso pasó.

Ahora las manos se atraen como imanes, ya nada me incomoda, puedo emocionarme y apretar.

Esas manos son los alfileres que se meten a la caja de estambres que tengo por ahí, se insertan en el hilo que mueve mi cabeza de un lado a otro como si yo fuera un títere o una especie de marioneta, son manos que cautivan imágenes, pensamientos y alegrías, son manos que hacen girar a la bailarina dentro de su caja musical.
A veces no es necesario hablar, a veces no es necesario mirar, sé que están ahí para dar vida, sé que tienen una historia, sé que crean, sé que dicen.
Me pregunto, qué pensará cuando las ve con esos ojos de sorpresa…

jueves, 11 de febrero de 2010

Ahogándonos en mentiras

Torrentes de lluvia y aguas negras pasaron por algunos estados de la República mexicana, la madre tierra y la negligencia de las autoridades de los municipios y entidades afectadas causó estragos y destrucción, amenazando la vida de personas inocentes, causando la muerte de muchas de ellas.
Meses atrás el gobierno ya sabía que algo así pasaría, no lo previno, no avisó, se rompió el muro de contención del canal de la compañía en Chalco, y ahora qué hará Enrique Peña Nieto para solucionar la problemática que sus funcionarios ineptos propiciaron, a ver si se pone las pilas, con eso de que quiere llegar a las elecciones presidenciales de 2012.
El lodo putrefacto aún huele, las manos y los ojos arden, cada quien tenía que limpiar y desechar lo poco que tenía, lo poco que quedó.
Dicen que van 27, 28, 29, 30 muertos en el estado de Michoacán, el número crece, los desaparecidos andan por ahí en algún lugar del desastre, nadie declara nada, nadie del gobierno se pone en el papel de los afectados, mientras los 500 diputados de la Cámara se quedan ahí en sus butacas esperando a que las respuestas lleguen solas.
No cabe duda, que los grandes desastres ocurridos en este país son sólo un ejemplo de lo que amenaza la vida de los habitantes de las urbes. Y si tenemos gobernantes incapaces de solucionar las consecuencias de estos fenómenos naturales, que podemos esperar la población en general, sólo nos queda pedirle a Dios que nos ampare, y quizá los mexicanos tengamos que abrir los ojos y para las próximas elecciones presidenciales seamos capaces de elegir un gobernante con la sensibilidad política y social suficiente para defender a un pueblo que ha sido tratado con la total indiferencia.