jueves, 18 de noviembre de 2010

Las horas no dicen nada

Ausente de alegría, ausente de risas, ausente de llanto, las lágrimas no salen, las ideas me ahogan en un mar envuelto por malos pensamientos, pensamientos que rugen y piden una respuesta, pensamientos que no se apagan con el sueño más voraz.
Qué pasa, qué me está pasando, que lo único que veo es un futuro donde estoy sola, sin ánimo, sin anhelo, sin nada, es incierto, el tiempo va lento, las horas no dicen nada.
Llévame luz de otoño que atraviesa las cortinas de su habitación, sácame el alma y cuélgala de un hilo, que tal vez así no sienta nada, arrójame al vacío, que vacía quedaré por su respuesta, encapsula los momentos encantadores, que estarán en el recuerdo, su existencia la tendré en los ojos, en las manos, en el espíritu, en mi fe, su recuerdo quedará en mi silencio, porque todo fue un sueño, un sueño del cual tendré que despertar, veo el reloj y las horas no dicen nada, veo la Luna y mi alma es quebrantada.
Déjame entrar a sus pesadillas para poder restablecer todo, déjame amarlo para poder envejecer en sus brazos, para poder decirle que lo amo…

miércoles, 4 de agosto de 2010

Lo etéreo de los sueños

En ocasiones quiere cerrar los ojos e imaginar el silencio de la forma más absurda, las imágenes ahí son intangibles, no se perciben los aromas ni los sonidos.

Pronto regresará la ilusión a sus párpados, ya pasará la incertidumbre que rodea su cabeza, poco a poco devorará risas

Los enredos armarán pasajes futuristas que como una coz sacudirá su pecho, las pupilas mostrarán sorpresa, el aliento se consumirá, la respiración se acelerará, ella cerrará los ojos y se sumirá en un silencio apabullante que la llevará a mundos imaginarios.

Ella estará ahí, distrayéndose como niño, consumiendo la fatiga y el desvelo que arrapa la rutina, ella se reencontrará con él y se sumergirán entre cobijas y mundos casi perfectos.
Entre pensamientos acogedores se entrelazarán para encontrarse de nuevo cada que las luces del Sol se disipen, cuando el silencio y algunos ecos de la ciudad se calmen, cuando ambos se abracen y uno frente a otro imaginen historias fascinantes.

miércoles, 30 de junio de 2010

El sol no brillará ya

Un esplendor iluminó sus ojos, sus piernas hasta las rodillas eran cubiertas por líquido marino, su piel estaba pegajosa por el sudor, la arena la envolvía de los brazos y el rostro.
Pasaron dos meses para que ella fuera a la playa, la ribera la mantenía como ausente e ida del ruido y el desdén de la ciudad, pasó poco tiempo para que se diera cuenta que la muerte era un regalo que la vida daba.

Ella ahí parada frente a la marea, preguntándose si vería a los suyos en aquel lugar lúgubre y tenso que cualquier persona evita mejor no hablar “la muerte”, esa que abraza a los mortales y los sacude como títeres de tela, sujetándoles y comprimiéndoles las palmas de las manos que bajo ellas se dibuja la “m” de mortalidad, la “m” de muerte.

Y es que a Elizabeth nunca le ha dado terror hablar de ella, cuando era pequeña su abuelo le dijo alguna vez que las cortinas oscuras atraparían en algún momento a las personas que más amaba, y que no tenía por qué ponerse triste, que la muerte era un regalo para el ser humano.

Elizabeth cree que la muerte es un sueño, el sueño más bello que se pueda tener, un lugar donde encontrará a su abuelo y a los que ya se han ido, que desde allá la cuidan, la ven, le sonríen, le extrañan.

Ya son las seis de la tarde y el ocaso ilumina la sonrisa picara y despampanante de aquella joven hiperactiva y alegre, ella camina sobre el infinito azul, hasta que el agua sube hasta sus labios rosados y gruesos, en unos segundos ella desaparece.

lunes, 3 de mayo de 2010

Ella viene...

Tiró de la sábana, la enrolló con fuerza, sedosa como la vena que sujeta la artería, ella le ayudará a desaparecer, no tiene miedo de sufrir algún cambio…
Después de un rato se subió a la cama, y sujetó con fuerza la tela, la sujetó al candelabro de la habitación, terminó de amarrarla y se quedó parada sobre la nube blanca, pensando en él o ella, preguntándose, cómo será, alzó sus brazos y enrolló la serpiente al cuello, estaba ansiosa, contó hasta tres y se aventó, sintió caliente el cuerpo, la cabeza le explotaba, los intestinos le crujían, la vista se le nublaba.

Parecía un hada, parecía una bailarina, parecía la muerte flotando sobre su cama.


jueves, 8 de abril de 2010

Mi gato magnético

Víctor salió a buscar a Leo, quien no había ido a casa desde hace dos días, ya habían pasado más de 46 horas y el platón de su gato estaba lleno de leche cuajada. Víctor estaba inquieto, pensando que tal vez regresaría esa tarde.
Leo era un gato negro, de ojos azules y adormilados, tenía muy mal humor, ronroneaba siempre por capricho, ese gato seductor perturbaba a cualquiera. Tenía la fuerza y atracción de un imán.

Los nervios de Víctor lo consumían, ya no sabía qué hacer, hasta que después de unas horas decidió tomar el cascabel que tanto le gustaba a Leo, el cielo ya había oscurecido, tal vez era el momento preciso para agitar el juguete favorito de su mejor amigo.

Poco después Víctor regresó a casa con la mirada abatida, caminaba lentamente como preocupado, rodeando el jardín, pensando y susurrando, desde entonces hace mucho que no lo veo.

De día él no sale para nada, se dice que de noche busca a Leo agitando el cascabel y gritando el nombre de su gato magnético, ya han pasado cuatro años desde que el felino de ojos metálicos se fue, su esperanza de Víctor ha sido la fe, su felicidad se ve de cerca cada que el cielo se oscurece, ¿cuándo dejará de buscarlo?

martes, 30 de marzo de 2010

Voz ausente

Fuera ideas que producen conciencia, mente vacía, imaginación devorada por gusanos de la tierra, fuerza en tendones desbaratando la piel que ya no se estira, ojos ciegos y temerosos de mirar lo que no deben, garganta seca y destruida.
Me pregunto ¿qué dirá él, estará incomodo? risas, risas y más risas, ellos se comen, juguetean con las luces de la habitación, no son nada, nadie, no hay conciencia ni ausencia, están por momentos donde las cosas tienen forma y nombre, desaparecen cuando la noche tapiza el cielo, cuando el suspiro descansa.

El crujir de la puerta los mantiene taciturnos, saben que es hora de correr, de salir en busca de rutinas apabullantes, aburridas, se van, inventan problemas, duele, duele que la vida se vaya así tan de repente.

Ella sonámbula, a veces de papel, equilibra el viento arrullador, busca algo entre las nubes que nadie aprecia, ya viste como se mueven, ¿quieres detener el tiempo conmigo?, o prefieres seguir con esa rutina vana, pregunta ella.

Él, mórbido como de caricatura, sin aliento, apático, sin ánimo, porque se quedó atorado por ahí, entre alcohol y vicios cuando ella se fue, carbonizado por hipocresías y trivialidades, risas fingidas, hablan y hablan y él no escucha, ya no quiere escuchar, ya no escucha, ¿recuerdas mi voz?, interpreta el ritmo de mis palabras, interpreta las ideas, pronto escucharás un silencio aterrador.




domingo, 28 de marzo de 2010

Husmeando

No tienes vida propia, vagando por aquí, sí, tú sabes que hablo de ti.
Te sientes solo, explotando por el sonido de tus mentiras, ahogándote con tus mil maravillas de intelecto, disparando adrenalina de melancolía porque bien sabes que ya nada vale la pena, has caído bajo por andar espiando lo que no debes…
Dile a tus amigos que eres humilde y entonces te aplaudiré, creo que eso no pasará, ya te viste en un espejo, ya te oíste, siempre escupiendo banalidades, y te decías sencillo.